sábado, 2 de julio de 2016

Borges Algunas de sus frases huérfanas de libros

El 14 de junio se cumplieron 30 años de la muerte de Jorge Luis Borges, un escritor que, además de tocar temas profundos en sus textos, era dueño de un humor cargado de ironía y de un realismo que por momentos sonaba pesimista. Tanto, que si le hubiese tocado vivir en la era de los smartphones y las redes sociales seguro tendría fama de troll.
El autor de El Aleph era un genio literario, y cuando daba alguna entrevista parecía no tener filtro ni punto final. Acá te dejamos algunas de sus mejores frases, que no llegaron a ocupar las páginas de ninguna de sus obras.

"La ironía es algo que admiro en los demás, pero carezco totalmente de ella". (Charla en el Aula Magna de la Facultad de Psicologia de la UBA, 12 de septiembre de 1984).

"Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes". (Citado en el artículo "La gloria" de Manuel Vicent para El País, 27 de abril del 2014).

"Yo estoy un poco harto de mí mismo, pero es natural, porque al cabo de setenta y tres años de convivencia con Borges uno acaba tan harto de Borges como cualquier lector". (Entrevista en Radio Nacional de España, 25 de abril de 1973).

"Hay un restaurante en Kioto, o en Tokio, que está servido por robots. A mí, me daría un poco de miedo. Pero, a los chicos, parece que no, que les encanta la idea de ser servidos por los muñecos mecánicos. Va a cambiar todo". (Entrevista por Marcelo Longobardi para APERTURA, 1985).

"Lo más noble del argentino es la amistad, la pasión de la amistad”. (Clarín Literario, 10 de junio de 1971).

"Para mí la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor. ¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente?". (Entrevista para la revista Extra, julio de 1976).

"Alicia Jurado escribió un libro sobre mí, que me aseguran que es muy bueno, y yo le dije: Alicia, tú sabes que leo todo lo que escribes pero en este caso no voy a leer tu libro porque se trata de un tema que no me interesa o que, quizás, me interesa demasiado (Entrevista por César Hildebrandt para la revista Caretas, 19 de diciembre de 1978).

"Creo que hay un excelente novelista que se llama García Márquez". (Entrevista para la revista Extra, enero 1981).

"La amistad no necesita frecuencia, el amor sí, pero la amistad no". (Videos compartidos por la revista Emeequis el 24 de agosto de 2015. sección: Cultura y Noticias).

"Si yo emprendiera un viaje solo, me pasaría la vida dando vueltas… y llegaría a una aduana, a un aeropuerto, posiblemente llegaría a Ezeiza y no pasaría de Ezeiza". (Jaime Alazraki: Conversación con Borges sobre la Cábala, 1971).

“Nada, nada amigo mío; lo que le he dicho, no estoy seguro de nada, no sé nada. Imagínese que ni siquiera sé la fecha de mi muerte…”. (Entrevista para El País, 1982).

Fuente http://www.clarin.com/viste/frases-Borges-van-dejar-pensando_0_1603639737.html

jueves, 30 de junio de 2016

El mestizaje como plan cultural por José Antonio Mazzoti

Este 2016 se cumplen 400 años de la muerte del Inca Garcilaso de la Vega y el mundo lo conmemora en grande. Pero ¿por qué tanto barullo? Todo parecería indicar que un autor muerto hace cuatro siglos ha perdido actualidad. Sin embargo, hoy más que nunca el Inca Garcilaso nos ofrece respuestas válidas a algunos de los problemas urgentes de la región.
Basta releer sus Comentarios reales para entender el tratamiento respetuoso que las culturas indígenas daban a la naturaleza, el sentido de la reciprocidad entre Estado y pueblo, que eliminó el hambre y el desempleo en una sociedad preindustrial (aunque teocrática), las ventajas del bilingüismo y de la tolerancia ante cosmovisiones distintas de las nuestras; en fin, muchos otros temas y propuestas que se encuentran en su obra mayor.

Por supuesto que el Inca pertenece a su tiempo y su catolicismo ferviente y su mirada aristocrática no calzan bien con un mundo ya secularizado. Asimismo, su mestizaje convertido en bandera de batalla contra la discriminación puede hoy sonar demagógico. El mestizaje -ya lo sabemos-, cuando se asume como plan cultural, suele borrar la especificidad de los más oprimidos y se convierte en una nueva herramienta de colonialismo interno.


Pese a todo, el Inca nos enseñó a pensar en más de un registro y a aprovechar lo mejor de ambas orillas del Atlántico. El que despierte interés en la Argentina no es poca cosa, y hay que señalarlo. Peruanos y argentinos podemos compartir, una vez más, una causa común. Salud por ello.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1913913-el-mestizaje-como-plan-cultural

El Inca Garcilaso de la Vega, cronista de dos orillas por Laura Ventura

El Inca Garcilaso de la Vega, cronista de dos orillas que reveló un imperio Murió hace cuatro siglos, como Shakespeare y Cervantes, cuyos múltiples homenajes opacaron el recuerdo de quien, como ellos, fue el mejor testigo de su tiempo.

Dice Laura Ventura para el Diario La Nación: "Cuando hoy, en pleno siglo XXI, se busca la palabra "chucho" en el Diccionario de la Real Academia Española, una de sus acepciones, la tercera, se refiere a su origen quechua (chucchu, temblar de frío). Este rastreo etimológico se puede verificar sin dar demasiados rodeos y acudiendo a una fuente irrefutable e invaluable: Comentarios reales de los Incas, Libro Tercero, capítulo XXIV. Este tesoro monumental provee un acervo único en su especie, no sólo lexicográfico, ya que allí se preservan la historia, los mitos, las costumbres, el saber y la cultura popular del imperio inca, una civilización que ha dejado sus huellas y cuyo legado aún se palpa en América latina.

Retratar este complejo universo fue la tarea de un testigo privilegiado, quien se convirtió en historiador, antropólogo, lingüista y sociólogo ad hoc, una responsabilidad que se resume con la palabra cronista. "Los secretos naturales de estas cosas ni me las dixeron ni yo las pregunté, más de que las vi hacer", escribe Gómez Suárez de Figueroa, autobautizado el Inca Garcilaso de la Vega. Este año se conmemora el cuarto centenario de su muerte, una fecha que disminuye su notoriedad ante los copiosos homenajes dedicados a Cervantes y a Shakespeare. Los tres autores están aunados no sólo porque comparten la fatídica fecha de su muerte, sino también porque han tenido una tarea análoga: la descripción de la era dorada de un imperio."

(...) El profesor José Antonio Mazzotti (*) presentó sus exhaustivos estudios sobre esta figura en una sala donde no cabía un alfiler. También en la capital española hay una exposición en la Biblioteca Nacional que recoge al Inca Garcilaso. En el Museo Casa de Ricardo Rojas (Charcas 2837), hoy y mañana (desde las 13.30 y hasta las 19.30, con entrada libre y gratuita), se realizará un coloquio de literatura colonial organizado por la doctora Beatriz Colombi y el Instituto de Literatura Hispanoamericana.
Primera versión de una historiaDedicados a la princesa doña Catalina de Portugal, Comentarios reales de los Incas se publicó en Lisboa en 1609, cuando el autor tenía 70 años. En su proemio, el Inca Garcilaso, quien había nacido en Cuzco, explica que su trabajo nace "forzado del amor natural de la patria" para retratar aquel mundo antes de la llegada de los españoles, un espejo de aquella galaxia que atraviesa todos los estamentos sin prejuicios y respetando a sus antepasados. Modesto, enfatizaba que su propuesta era aportar con comentarios -de aquí su nombre- o glosas, sin contradecir a los demás historiadores. Esta disciplina no era ajena a sus capacidades, ya que también es el autor de Historia general del Perú.
Este cronista mestizo y bilingüe (hablaba el quechua y el español, y desde temprano aprendió latín) era hijo reconocido del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega (pariente del poeta Garcilaso de la Vega, conocido por sus famosas églogas) y de la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo. Su padre biológico lo abandonó por presiones de la corona, pero le dejó una dote que utilizó para costear sus estudios en Europa, adonde se mudó a los veinte años. En España iría cambiando su nombre, no a modo de seudónimo, para ocultar o modificar su identidad o esencia, sino, por el contrario, como una revalorización de la estirpe materna y homenaje a los logros de su padre, un conquistador que luchó junto a Francisco Pizarro.

Sobre la base de sus recuerdos, así como también cotejando a otros cronistas, escribe Comentarios reales de los Incas, y como todo texto perteneciente a este género, el libro no está no exento de subjetividad. Su compatriota Mario Vargas Llosa, en "El Inca Garcilaso y la lengua general", se refiere a una visión de los incas donde el autor mezcla ficción y realidad en pos de embellecer la historia del Tahuantinsuyo (el nombre del imperio en quechua), "aboliendo en ella, como hacían los amautas con la historia incaica, todo lo que podía delatarla como bárbara -los sacrificios humanos, por ejemplo- y aureolándola de una condición pacífica y altruista que sólo tienen las historias oficiales, autojustificadoras y edificantes".

El lector de Comentarios reales de los Incas se aproxima a una cultura superior, dueña de una fe guiada por Viracocha, a diversas teorías del nombre Perú (posiblemente de pelú, con el que los indios bárbaros denominaban el concepto de río), así como a la historia de la conquista previa a 1492. Así se referirá al naufragio de 1484 en el que Alonso Sánchez de Huelva, sin proponérselo y arrastrado por un temporal, llegue a las costas de Santo Domingo, aquello que él creerá parte de las Indias, una aventura que luego contará a su regreso a Europa a un cosmógrafo Cristóbal Colón.

La epopeya de un imperio y de una conquista se puede leer a partir de la prosa del Inca Garcilaso, a quien Vargas Llosa llamó "el más artista entre los cronistas de Indias", dueño de una "palabra tan seductora y galana (que) impregnaba todo lo que escribía de ese poder de sobornar al lector que sólo los grandes creadores infunden a sus ficciones".


(*) El autor es catedrático y poeta peruano, especialista en literatura colonial

Fuente http://www.lanacion.com.ar/1913929-el-inca-garcilaso-de-la-vega-cronista-de-dos-orillas-que-revelo-un-imperio

miércoles, 29 de junio de 2016

Las posibilidades del microrrelato Stella Maris Poggian y Ricardo Haye ponen de manifiesto que en tiempos de refucilos textuales y atenciones volátiles, la ficción breve puede resultar una alternativa sugerente para desplegar en los medios.

(Desde Roca, Río Negro)

La nueva discursividad social, objeto de estudio de la Sociosemiótica o Teoría de los Discursos Sociales, se ve altamente condicionada por aspectos macroestructurales. Entre ellos podemos mencionar el acelerado ritmo de vida característico de la creciente urbanización planetaria o la tendencia epocal a la fragmentación conceptual en la que ya en su día había reparado Nietzsche y que actualmente constituye un rasgo dominante de los mensajes mediáticos. Todo ello entraña un impacto significativo sobre nuestras prácticas culturales, afectadas por la concisión extrema, una forma de fluidez telegráfica, el minimalismo comunicativo de twiter, la saturación de mensajes de una sociedad hipermediada y vocabularios (e incluso agendas temáticas) reducidos.

El ecosistema mediático no solo espeja esta situación, sino que tiende a reproducirla y contribuye a su producción. Por tal motivo, los medios audiovisuales –actualmente en tránsito hacia la transmedialidad– ofrecen un recorrido interesante a la hora de pensar el microrelato.

El cine, surgido como espectáculo de feria y fuente de fabulaciones con George Mélies, inicialmente trasmitió relatos de corta duración. Hoy asistimos al regreso de las historias breves, que proliferan en Youtube realizadas tanto por profesionales como por estudiantes o aficionados a la narración audiovisual.

La radio, que nació con voluntad de relato y con el tiempo terminó recluyéndose en prácticas cada vez más perfiladas por intenciones informativas o argumentativas, fue renunciando progresivamente a su vocación narrativa. Dada su capacidad inmanente para alojar historias, quizás el microrelato constituya un posible comienzo para su recuperación narrativa.

El espesor, las inflexiones, los matices interpretativos que la palabra alcanza en su versión fónica se fortalecen con los otros elementos discursivos que confieren forma al texto sonoro: música, efectos, silencios.

La conjunción inteligente y armónica entre estos ingredientes puede coadyuvar a obtener relatos en los que brevedad y concisión vayan de la mano con la alta intensidad expresiva que requieren las miniaturas narrativas.

En la televisión, aunque el contar historias goza de mejor salud, la oferta narrativa se resuelve en forma de películas, seriales, telefilmes o telenovelas, sin que el relato breve adquiera significación fuera de los avisos publicitarios. Existen, claro, las producciones llamadas “video minuto” o “nanometrajes”, pero siguen convocando porciones reducidas de público.

La conexión que postulamos entre minificción y medios tiene un doble propósito. Uno es el del descubrimiento: acercar a los públicos de la radio y la televisión la obra de creadores a los que, de otro modo, quizás nunca lleguen a conocer y ayudarlos a (re) descubrir el encanto de lo narrativo. Y otro es el de la construcción: la de una nueva poética que nutra, conceptual y estilísticamente, a nuestros medios electrónicos.

Parece existir cierto consenso en que la minificción reclama alguna relectura que nos permita reconocer mejor sus formas y su notable grado de polisemia. Si ponemos esta circunstancia en el dispositivo del libro, ese regreso al texto constituye un acto volitivo que decide el lector.

En cambio, en soportes como la radio o la TV tradicionales, la ocasión no puede ser establecida por las audiencias sino que depende de determinaciones que se adoptan en la fase de emisión y permanecen ajenas al control del público.

De este modo, si el primer contacto con una microficción radiofónica o televisiva marca una relación con lo sorpresivo o lo inesperado, la posibilidad de regreso a ella nos conecta con una experiencia gratificante.

La emergencia de dispositivos que permiten alojar materiales, tanto sonoros como audiovisuales, habilita opciones en las que oyentes o televidentes pueden escoger la ocasión y el número de veces en que realizarán la relectura.

En cualquiera de los casos, la duración breve de estos contenidos de ficción facilita su inclusión en las grillas de programación respectivas.

Características propias de la minificción tales como la hibridación genérica, el humor, la ironía, la intertextualidad, el carácter lúdico, (la fractalidad) y la metaficción tampoco resultan ajenas a las prácticas discursivas de la radio y la televisión.

Si, de un lado, la familiaridad mediática con estos rasgos impide que la microficción experimente extrañamientos en estos soportes, el acostumbramiento de los públicos a ellos contribuye a naturalizar su contacto mediático con las miniaturas narrativas.

En tiempos de refucilos textuales y atenciones volátiles, la ficción breve puede resultar una alternativa sugerente para desplegar en los medios.

El microrelato (y más aún cuando adopta miradas juguetonas, irónicas, paradójicas, desestructurantes, desacralizantes) ayuda a resquebrajar modos dogmáticos de percibir y valorar la vida, agudiza nuestra sensibilidad, estimula el despliegue de la imaginación, facilita el reconocimiento didáctico de las formas más complejas de la escritura. Y hasta es capaz de abrir la marcha hacia obras monumentales, dado que constituye una opción atractiva y didáctica que puede ayudarnos a educar nuestro gusto por las historias, explorando posibilidades que diversifiquen los registros y asuman desafíos narrativos de complejidad creciente.


Stella Maris Poggian Docente-Investigadora del Instituto Universitario Patagónico de las Artes y la Universidad Nacional del Comahue.
Ricardo Haye Docente-Investigador de la Universidad Nacional del Comahue.
http://m.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-302914-2016-06-29.html

domingo, 1 de mayo de 2016

El largo y duro cautiverio de Jordi Gracia

Miguel de Cervantes y su hermano Rodrigo fueron capturados por piratas en su viaje de regreso a España. "No ha estado nunca en Argel, pero sabe que llega al infierno", escribe Jordi Gracia en una nue Argel, pero sabe que llega al infierno", escribe Jordi Gracia en una nueva biografía.
Creyéndolo noble, sus captores pedirán un elevadísimo rescate. Y eso prolongará el cautiverio de Cervantes por cinco largos años, de 1575 a 1580. En ese tiempo, intentará varias fugas: por el desierto o por el mar. Recapturado, se salvará de los más graves castigos –mutilaciones o incluso la muerte por empalamiento- probablemente por el alto rendimiento que esperan sacar de él sus amos.

En este extracto de Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía (Taurus, 2016), Jordi Garcíareconstruye -a través de testigos y de lo que el propio prisionero volcó en novelas y poemas sobre aquella experiencia- el cautiverio de quien, con 28 años, ya es "el Manco de Lepanto", pero todavía no el célebre autor del Quijote.

las cárceles de Argel [Extracto]

[...] Cervantes no ha estado nunca en Argel pero basta nombrarla para saber que llega al infierno. Ahora lo tiene delante, recién levantada una tercera muralla que funciona «más de parapeto que de muralla», con sus dos torres nuevas, una para el faro que no se enciende nunca y otra para una vigilancia relajada y «de poca importancia» frente al puerto —Argel significa ciudad de la isla—. [...] Cuando llega Cervantes están acabando de construir un bastión nuevo para una pieza de artillería traída de Fez, de siete bocas, y otras «cinco piezas de artillería menuda», según cuenta Antonio de Sosa en su Topografía de Argel.

En la primera vista y en el principio está lo peor, y Cervantes llega a la vista de la tierra enemiga y ante ella, explica a Mateo Vázquez, «no pude al llanto detener el freno» y sin «saber lo que era, / me vi el marchito rostro de agua lleno», en compañía de Rodrigo y otros tantos soldados y capitanes que despiden para mucho tiempo la vida en libertad. La paradoja se recrudece en la memoria porque Cervantes se acuerda entonces, mientras llega la nave a Argel, de los tiempos en que el «Grande Carlos tuvo / levantada en el aire su bandera», y una cosa y la otra, la derrota de hoy y la derrota de ayer, se confunden en su memoria y, entre ambas, nuevas «lágrimas trujeron a los ojos».

Ciudad y puerto de Argel, siglos XVI,XVII

Iba a tener mucho tiempo para despejarse mientras acaba de recibir la orden de soltar los remos y quedar asido con el resto de bogadores «a un cordel o cuerda delgada». Una vez desherrados, o soltado el cepo que los sujeta al banco de la galera, deben recoger los remos y llevárselos al almacén mientras los turcos desembarcan con el botín, la galima, para empezar la fiesta con «gran pavonada y gloria muy particular». A Cervantes se lo lleva el capitán de la galera que lo capturó, Dalí Mamí, para encerrarlo en sus baños, porque bañol significa en turco cárcel real, o sea, del gobernador de Argel, aunque las hay particulares, como la de Dalí Mamí. Sus condiciones serán las mismas que las de todos, encerrados en una instalación parecida a un patio con dos alturas, una cisterna de agua en el centro y «muchas camarillas» que funcionan como minúsculas celdas o chabolas y tiendas que a veces comparten varios presos «tendidos todos en el suelo, y casi todos o con los pies en algunos cepos metidos, o con grillos y cadenas a buen recaudo». También cuentan con un lugar habilitado como «iglesia u oratorio» porque «nunca faltan sacerdotes cautivos» para celebrar la misa, aunque a menudo deben pagar por asistir a ella.

En Argel malvive una población de al menos veinticinco mil cautivos procedentes de todos los puntos de la cristiandad, «contando los que bogan en las galeras y los que quedan en tierra», como de todos los puntos de la cristiandad proceden los infinitos renegados de Argel. Las calles van «sin orden y sin compostura» pero con detalles que no escapan a Sosa, como la ausencia de ventanas en las casas, precisamente para que no «miren o sean miradas de otros» las mujeres argelinas y tunecinas de una ciudad altamente cosmopolita y superpoblada entonces de moros, turcos y judíos como pocas ciudades (o ninguna) de Occidente. [...]

El cautiverio de Cervantes en Argel (1575-1580)



Nada menos que la mitad de su población, calcula Sosa, son renegados, «turcos de profesión», convertidos a la fe musulmana, bien porque «como pusilánimes rehúsan el trabajo de la esclavitud », bien porque les «place la vida libre» y el ejercicio «de todo vicio de la carne en que viven los turcos», bien porque —y son los casos más sangrantes y los que Cervantes rescatará para su literatura—, una vez capturados desde niños en las razzias en las costas cristianas, sus amos les imponen desde muchachos «la bellaquería de la sodomía a que se aficionan luego», como es natural, por mucho que a Sosa le saque de quicio ese «vivir a su placer y encenagados de todo género de lujuria, sodomía y gula». Y todo sin recato ni reserva porque es tan natural y tan estimada la sodomía que «las boticas de barberos» son públicos burdeles de muchachos, como en público vomitan sus borracheras «en las barbas de todos», de nuevo pese a la prohibición coránica del alcohol (beben tanto que «ninguno va a comer con otro que no lleve un cristiano que le vuelva a casa»). Lo que es seguro es que a los muchachos los cuidan los turcos más que a sus propias mujeres, visten «muy ricamente a sus garzones» porque «son sus mujeres barbadas» y les sirven «de cocinar y de acompañar en la cama». Es verdad que hacerse turco «de profesión» incluye el rito de la circuncisión, que practica un maestro judío «cortándole en redondo toda la capilla del miembro», mientras el renegado invoca a grito pelado a Mahoma «porque no se puede hacer esto sin sentir muy gran dolor».

En ellos, en los renegados, «está casi todo el poder, dominio, gobierno y riqueza de Argel, y de todo su reino», y por eso son los «principales enemigos» del cristiano, con no menos de seis mil casas en Argel. Al menos a dos de ellas va a sobrevivir Cervantes, primero la de Dalí Mamí, renegado albanés, y después la de Hasán Bajá o Hasán Veneciano, que será el gobernador o virrey de Argel desde junio de 1577 y es un célebre renegado veneciano, capturado de niño por el jefe de la armada, Uchalí, que es hombre con formación cultural y cosmopolita con quien crece Hasán, como secretario y amante reconocido, para convertirse después, con treinta y tantos años, en el cruel gobernador de Argel que todos deploran.

Si hay que creer a Sosa, con la moderación que no pone él en su alegato contra los musulmanes, les gustan los relatos y las historias hasta el extremo de que le deben mucho los cautivos a ese gusto inmoderado por contar historias exóticas y chismes, porque «con esto les alivian el trabajo del cautiverio, haciendo que con las nuevas diviertan el pensamiento e imaginación continua de las cadenas». Buena parte del día lo deben pasar hablando y hablando y hablando, sin perder el hilo, y algunos incluso toman nota de historias, y las vuelven a contar y las registran con tanto escrúpulo como al menos durante seis años hizo Antonio de Sosa para dejar el testimonio más completo, a ratos perturbador, equilibrado e inteligente que existe sobre la vida de Argel y la vida en sus cárceles o baños.

Miguel de Cervantes Saavedra



Antes que nada, empezar a escaparse con el corazón y la cabeza, día y noche y sin descanso. Porque la servidumbre en la obra pública, la molienda, el servicio doméstico o el acarreo de leña y agua son el destino de esclavitud que a los más afortunados les espera allí. Y los más afortunados, como Cervantes, son aquellos a quienes se asigna un rescate, alto, desde luego, si llevan consigo las cartas que lleva Cervantes. Pero a menudo los precios crecen y crecen con el tiempo, a medida que las fantasías de los turcos sobre la calidad de sus presos incrementan el margen de beneficio de lo que no es una guerra de religión sino una operación comercial o, en todo caso, una guerra económica. Por delante solo hay un plan, que es intentar pasar el menor tiempo posible en la cárcel, aprovechar el régimen de semilibertad en que viven y rezar, en el sentido literal, para que cuanto antes llegue el dinero del rescate o al menos una misión de redención de cautivos enviada desde España que lo aporte.

Y mientras tanto mantener la tensión que tan bien define el animoso Pérez de Viedma del relato de Cervantes porque cuando aquello «que fabricaba, pensaba y ponía por obra» no acababa resultando como debía, de inmediato, o «luego, sin abandonarme, fingía y buscaba otra esperanza que me sustentase, aunque fuese débil y flaca». Y seguía intentando la fuga, y con «eso entretenía la vida, encerrado en una prisión o casa» que llaman baño.

Saben todos nada más llegar que el tiempo y la buena suerte son lo mismo: su único aliado. Cada cual administra su capacidad de resistencia para sobrevivir a condiciones que dependen de cada amo y del rescate que piden por cada uno. Cervantes cuenta mucho después, tras su liberación en septiembre de 1580, que estuvo desde el principio en casa de Dalí Mamí «cargado de grillos y cadenas». Las cartas que lleva encima le han salvado de la pura explotación esclava o de ser carne de remero en las galeras corsarias, pero a la vez su amo lo tiene «en mucha cuenta y reputación» y, precisamente por eso, cuenta un compañero de cárcel en la misma casa, lo tiene de ordinario «aherrojado y cargado de hierros y con guardias». Tener así a un hombre relevante, «todo vejado y molestado», sirve para acelerar los rescates, apremiar a los familiares, y librarse cuanto antes «de pasar mala y estrecha vida, como la acostumbran y suelen dar los moros y turcos a las personas semejantes a Miguel de Cervantes».

Él no será de los que bogan en las galeras sino de los esclavos de rescate, que es la base del formidable negocio de Argel, mientras que los remeros son la mano de obra gratuita de la industria corsaria. Unos pueden rescatarse con dineros de la familia y otros pueden rescatarse a sí mismos sublevándose en la galera al primer descuido y liberándose con ella rumbo a las islas Baleares, a Valencia, a Murcia o a Sicilia, que es el arco de la tierra de la cristiandad que tienen más cerca, es decir, muy, muy lejos, aunque no tan lejos como si el cautiverio transcurre en Constantinopla: de allí no se regresa jamás. Pero ni los encierros son totales ni los castigos imprescriptibles porque «si salimos por esas calles —dice Sosa—, qué vemos sino infinitos cristianos muchos y principales cautivos », que de «tan desfigurados y mirrados» más «parecen cuerpos desenterrados que figuras de hombres vivos».

Cervantes y sus compañeros de cautiverio



Cervantes ha dado motivos sobrados para estar más vigilado que nadie. De acuerdo con otros cautivos, varios de ellos caballeros, proyecta nada más llegar, para principios de 1576, una huida impracticable pero a la vez muy común. En teoría no cuesta nada localizar a «un moro que a él» y a otros cristianos los «llevase por tierra a Orán», que es plaza cristiana, gobernada por Martín de Córdoba. Con Cervantes emprenden la fuga otros presos sin saber del todo hasta dónde es mortal la ruta que tienen por delante.

Según cuenta el esclavo de un drama que Cervantes escribirá recién vuelto, Los tratos de Argel, son sesenta leguas y con diez libras de bizcocho, por bueno que sea, apenas se cubre nada, incluso si el fugado ha preparado para meter en la mochila «una pasta de harina y huevos, y con miel mezclada / y cocida muy bien», porque muy poca cantidad da «gran sustento». Y, si no, siempre hay el remedio de las yerbas con sal que también lleva ese esclavo de ficción, incluidos hasta tres pares de zapatos de repuesto y todo a pesar de que no sabe nada del camino.

Y nada atenúa el riesgo real porque recorrerá, lo sepa o no, «en las tinieblas de la cerrada noche, sin camino / ni senda» que le guíe, cuatrocientos kilómetros de desierto hasta llegar a Orán.

A Cervantes, y no a su personaje de Los tratos, «tras algunas jornadas » en las que apenas habrían avanzado un trecho, los abandona el moro que los guía todavía muy lejos de Orán, sin otra solución que regresar reconcomiéndose todos por la represalia segura y ejemplarizante que les espera, además de volver con «el bramido continuo / de fieras alimañas» metido en el cuerpo, como le pasa a su personaje. El pan se le «ha acabado, / y roto entre jarales el vestido, / los zapatos rasgado, / el brío consumido», apenas no puede ya «un pie del otro pie pasar un dedo», como cuenta el cautivo de ficción al que solo le queda volver, entregarse al amo e invocar a la Virgen de Montserrat, a quien «el cuerpo y el alma» deja a su cargo e implora sin reservas: «enviadme rescate, / sacadme de este duelo». Y le manda auxilio la Virgen, pero no es una flota belicosa sino un león protector, y «ya está claro y llano / que el hombre que en vos confía / no espera y confía en vano». Lo menos que puede pasarle al fugado, sin embargo, es el castigo con vergüenza pública de cortarle no una mano, como en España —que eso los hace inútiles, y a Cervantes lo haría inútil total—, sino las narices y orejas, al menos.

Por sus reiterados intentos de fuga, Cervantes pasó la mayor parte de su cautiverio encadenado



Que tras la fuga frustrada a Orán Cervantes ha sido «mucho más maltratado que antes, de palos y cadenas», como asegura Diego Castellano, es sin duda verdad, y el propio Cervantes aclara que «de ahí en adelante» le vigilan «con más cadenas y más guardias y encerramiento». Esa es solo la primera de las múltiples quejas que oirá en Argel nada más llegar, hacia 1576, el fraile portugués Antonio de Sosa, a quien se queja Cervantes una y otra vez «de que su patrón le hubiese tenido en tan gran opinión que pensaba que era de los más principales caballeros de España y que por eso lo maltrataba con más trabajos y cadenas y encerramiento». Quizá se quejase menos su hermano Rodrigo porque el mismo Sosa asegura que su amo era hombre de mejor temple, «de buen gobierno», y aficionado a los libros, en los que «de continuo ocupaba el tiempo que los negocios le vacaban».

El intento de fuga ha salido mal, como le sale mal a la mayoría de quienes lo intentan por la misma ruta, pero en Argel Cervantes hace un montón de otras cosas, además de seguir pensando en las fugas siguientes de los próximos meses. Hace nuevos amigos, escribe poesía y lee prosa y poesía ajenas, conversa horas y horas con viejos y nuevos amigos, incluidos renegados cultos y turcos locales porque carecen del sentimiento de linaje, y no es «uno más que otro por ser hijo de turco, o de renegado, o de moro, o de judío, o de cristiano», sin sentir rebaja alguna por hablar con un cristiano y cautivo. Y mucho menos si es interesante y menos todavía si lo creen caballero, gran señor, hidalgo o cosas parecidas, como le pasa a Cervantes y todos reconocen en sus testimonios, incluidos los compañeros de cautiverio o, sobre todo, los compañeros de cautiverio. Muchos han visto que a Cervantes lo llaman a su mesa y compañía los numerosos frailes, tanto los cautivos como los que pululan por Argel en misiones de redención, negociando rescates y precios. [...]

Desde septiembre u octubre de 1576 las cosas marchan en Madrid con relativa rapidez, y tanto su padre, Rodrigo, que tiene ya 70 años, como Leonor, se encargan de gestiones que prosperan bien. Tras reclamaciones y reconfirmaciones, el Consejo sale por fin de dudas y otorga sesenta ducados para rescatar a los dos hermanos, treinta por cabeza. Pero con esa cantidad no hay ni para empezar y la familia ha de buscar el concurso de las órdenes, y eso hacen ya no solo Leonor, sino también las hermanas de Miguel y Rodrigo. El padre no, o no en apariencia, porque Leonor decide sacrificarlo y quedarse viuda por una temporada (luego tachará del documento las palabras embusteras), la suficiente para ablandar el corazón de los frailes y que se encarguen lo mejor posible de los dos hermanos. Y así sucede, porque los frailes de la Merced Jorge Ongay y Jorge de Olivar han llegado a Argel a finales de abril de 1577 con dineros para rescatar a cuantos puedan y seguramente también chucherías para comprar al turco, al que le pirran las «cajas de confite», las ropas caras y los bonetes como pequeñas gratificaciones extras para el buen fin de sus negocios y tratos, o al menos eso cree Pérez Pastor.

Las inconfundibles siluetas de Sancho Panza y Don Quijote

A estas alturas saben ya sin duda en casa la complicada estatura señorial y casi nobiliaria que el turco imagina en Cervantes por culpa de las benditas cartas de Juan de Austria y del duque de Sesa. Esa irónica desventura ya no tiene remedio porque a Miguel lo salva de remar en galeras pero a la vez lo condena a un alto precio de rescate. El rescate de Rodrigo, en agosto de 1577, ha costado trescientos ducados pero «no han querido dar» a Miguel «sino por muy excesivo precio»: le creen y le seguirán creyendo hasta el final «hombre de caudal». [...]
No hay un hombre rebelde en este Cervantes preso de 30 años que escribe al rey a través de su secretario; hay un hombre tranquilo, tenaz y dispuesto a explotar la culpa y la clemencia del poder en favor de desventurados como él y tantos otros miles de cristianos ex soldados, sacerdotes, nobles y caballeros. [...]
Con treinta años, casi dos cautivo, y mientras sigue con grilletes penando por la fuga de Orán, Cervantes escribe en la primavera de 1577 sin escatimar méritos propios, ni ocultar el estado real en el que se encuentra, ni las razones de ese estado: sus campañas militares, sus heridas [...]
El alegato final de la Epístola resuena directo y firme para exigir la inaplazable intervención real con todo el poder del Imperio en ayuda de los cautivos porque las condiciones objetivas y las religiosas favorecen una acción de poco coste y gran beneficio.
Y así espera Cervantes que despierte en el real pecho «el gran coraje, / la gran soberbia» ante la conciencia del ultraje al que le somete un avispero hormigueante de infieles y ladrones, humillándolo a la vista de los cautivos y de sus aliados, incluidos los franceses. Es frágil la defensa de Argel, son muchos, pero débiles y desnudos, sin fuertes verdaderos y, además, tienen miedo y les aumenta el miedo cada vez que ven movimientos navales en la costa española. [...]
La vulnerabilidad de Argel es muy grande ante una armada ni siquiera descomunal, solo bien preparada y, sobre todo, bien informada de cómo son las guarniciones, dónde están las defensas, cómo funcionan las vigías, cuánto tarda en activarse el sistema de alarma, dónde custodian las armas y los explosivos, y todo eso que día a día van registrando muchos de ellos, su minucioso amigo Sosa entre otros, pero desde luego también él, porque ese registro íntimo y doméstico de la vida en Argel será la munición que explota Cervantes en su literatura y, en particular, en la primera obra que dedica a su experiencia, Los tratos de Argel. Por eso, al hilo de una historia sentimental y amorosa sutura sobre todo las experiencias reales propias y ajenas, con una riquísima trama de detalles y meditaciones dialogadas sobre lo vivido. Es literatura comprometida en el sentido pleno de la palabra, es crónica y es testimonio, es alegato ideológico y es autocrítica de cautivo superviviente aunque parezca nada más que un enredo de moros y cristianos, cristianas y moras. La empezase en Argel o ya liberado, es una obra empapada del olor, el dolor, la vida cotidiana y la piedad por quienes sobreviven en condiciones inhumanas y aspiran a la vez a no degradar su condición, ni humana ni cristiana, sometidos a la presión de mejorar sus vidas renegando: quieren ser a la vez justos y piadosos cristianos. No hay contrarreformismo alguno ahí sino un vasto dispositivo de alarmas sobre el daño que causa a la cristiandad, y a veinticinco mil cristianos cautivos, la homicida pasividad del rey ante una presa fácil, asequible y además infiel. [...]
La nueva biografía del autor del Quijote

La situación se agrava desde el relevo del rey de Argel en junio de 1577. Acaba de llegar Hasán Bajá, de larga experiencia en el mundo turco y de legendaria crueldad en los testimonios de la época, pero al parecer también de formación culta a la europea. Del primer amo de Hasán, el Uchalí, Cervantes asegura en la historia del capitán cautivo que «moralmente fue hombre de bien» y «trataba con mucha humanidad a sus cautivos». Pero al segundo, a Hasán, lo llama «el más cruel renegado que jamás se ha visto».

Y a la vista del retrato de Sosa, habrá de serlo, «astuto, entremetido, audaz, atrevido y desenvuelto» además de bisexual o más expresivamente, según otro testigo, «lujurioso en dos maneras». Pero todo ello lo hace potencialmente útil, y no al revés, de acuerdo con un confidente que cuenta a Felipe II que además de semejantes taras, es «muy leído», escribe y lee español y puede por tanto comunicarse con él, si quiere. Y quizá quiso Cervantes, y eso explicaría que algún tipo de tácito acuerdo que ignoramos permitiese la insólita supervivencia del díscolo cautivo. [...]

Hasta que no llega a Argel la misión que encabeza el fraile Juan Gil, en el verano de 1580, Cervantes no está al corriente de las complicaciones que llevaba su caso en España, aunque sí sabe que su padre sigue «muy pobre» para recaudar nada demasiado útil y, como su madre Leonor, «no tiene bienes ningunos» porque el rescate de su otro hijo les dejó «sin bienes algunos». [...]

Cuenta Cervantes que estos nuevos cinco meses de castigo [N.de la E: por un nuevo y último intento de fuga] pudieron ser el principio del final. Hasán tuvo la «intención de mandarlo a Constantinopla, donde, si allá lo llevaban, no podría tener jamás libertad». Todos saben que eso es verdad segura, y desde el 23 de agosto de 1580 el auxiliar de Juan Gil ha empezado averiguaciones «con mucha cautela, recato y secreto», para saber «si eran vivos o muertos» los hombres que debían rescatar. Muchos están bogando en el mar o están muertos, han renegado, han desaparecido o son tan desgraciados que, una vez localizados, se ha hecho demasiado tarde y se quedarán en Argel «por haber ya gastado toda la hacienda» de que dispone la misión. Pero es todavía con Hasán Bajá con quien ha de negociar Juan Gil el rescate y el precio de Miguel de Cervantes, en persona, «una y muchas veces». Pero el rey ha repetido «una y muchas veces» que sus cristianos son «hombres graves y que no tenía cristiano que no fuese caballero». A «ninguno de ellos lo daría» por menos de «quinientos escudos de España en oro», y Sosa cree que Hasán elevó al final su precio a «mil escudos de oro». [...]

A 18 de septiembre encadenan a Cervantes y a todos los demás en el banco de remos de la galera del rey para zarpar a Constantinopla, mientras Juan Gil se afana fuera con mercaderes, apura la «limosna de la redención», la «limosna de Francisco de Caramanchel», la «limosna general de la Orden», los «maravedíes para otros cautivos», hasta cubrir como sea los «dos mil y tantos reales» que faltan para completar «lo que le habían dado los padres», y aun saca de debajo de las piedras otras «nueve doblas» para sobornar a «los oficiales de la galera» de Hasán «que pidieron de sus derechos» por hacer saltar las «dos cadenas y los grillos» que sujetan a Cervantes para que salga ahora entre pálido y destemplado de la galera «el mismo día y punto que el rey alzaba vela para volverse a Constantinopla». No va a remar este 19 de septiembre de 1580 hasta Constantinopla pero casi todo lo demás ha cambiado poco porque sigue siendo «mediano de cuerpo, bien barbado, estropeado del brazo y mano izquierda», y quizá ya algo menos barbirrubio de lo que recuerda su madre.

[Tomado de Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía, de Jordi Gracia, Taurus, 2016]

Fuente de la nota http://www.infobae.com/2016/05/01/1808222-el-largo-y-duro-cautiverio-del-autor-el-quijote-manos-los-turcos


jueves, 28 de abril de 2016

Notas sobre la Literatura

La literatura es el Arte que utiliza como instrumento la palabra. Por extensión, se refiere también al conjunto de producciones de una nación, de una época o de un Género (la literatura griega, la literatura del siglo XIX) y al conjunto de obras que versan sobre un arte o una Ciencia (literatura médica, literatura jurídica). Es estudiada por la Teoría Literaria.

Literatura
Puede considerarse a la literatura no tanto como una cualidad o un conjunto de cualidades inherentes que quedan de manifiesto en cierto tipo de obras, sino como las diferentes formas en que la gente se relaciona con lo escrito. No es fácil separar, de todo lo que en una u otra forma se ha denominado "literatura.", un conjunto fijo de características intrínsecas. No hay absolutamente nada que constituya la esencia misma de la literatura. Literatura es cualquier texto que, por una razón u otra, alguien tiene en mucho. Éste término se refiere al papel que desempeña un texto en un contexto social, a lo que lo relaciona con su entorno y a lo que lo diferencia de él, a su comportamiento, a los fines a los que se puede destinar y a las actividades humanas que lo rodean.
 

Literatura nacional Es el reflejo artístico de los más profundos sentimientos, ideales, luchas y sueños de los pueblos en su devenir histórico. 

Literatura universal
Es el conjunto de valor imperecedero de todas las literaturas del mundo, desde tiempos remotos hasta nuestros días. De las literaturas nacionales se forma, pues, la literatura universal, la que también incluye las interrelaciones entre ellas. 


Géneros literarios
Los géneros literarios son técnicas expositivas singulares, ligadas a ciertas leyes de forma y contenido de carácter histórico o no, a las que se someten las obras literarias. La primera clasificación de los géneros literarios pertenece a Aristóteles, quien los redujo a tres: Épica, Lírica y Dramática. El primero ha extendido su significado, al incluir la novela, a la noción más amplia de narrativa. Pero el género se va conformando históricamente. Por tanto, resulta muchas veces difícil fijar rígidamente los límites entre lo propiamente narrativo o épico-narrativo, lo lírico o poético y lo dramático o teatral. Dentro de cada género surgen sub-géneros o géneros menores, algunos de ellos sólo válidos en ciertos momentos históricos. 


Género narrativo
La obra narrativa es aquella en la que un narrador, a través de un discurso oral o escrito, relata una historia, destinada a oyentes (como en la Epopeya griega o en los cantares de gesta medievales) o lectores (como en la novela moderna). Sub-géneros narrativos: 


Cuento: narración de una acción ficticia, de carácter sencillo y breve extensión, de muy variadas tendencias a través de una rica tradición literaria y popular. En general, el desarrollo narrativo del cuento es rectilíneo, presenta pocos personajes y el proceso del relato privilegia el desenlace.
Novela: obra en que se narra una acción fingida o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores por medio de la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres. Salvo excepciones, la novela propiamente dicha usa la prosa, y a diferencia del cuento, nunca es muy breve. La acción es necesaria en esta obra, pero lo fundamental son los personajes y el mundo ficticio en que ellos viven.
Novela corta (o "nouvelle"): la novela corta se define fundamentalmente como la representación de un acontecimiento, sin la amplitud de la novela normal en el tratamiento de los personajes y de la trama. La acción, el tiempo y el espacio, aparecen de una forma condensada, y presenta un ritmo acelerado en el desarrollo de su trama. Las largas digresiones y descripciones propias de la novela desaparecen en la novela corta, así como los exhaustivos análisis psicológicos de los personajes.

Otros sub-géneros
Los que por el contenido o el origen, se relacionan con lo histórico o con lo heroico: la epopeya (narración poética de una acción memorable para un pueblo entero, o para la especie humana), el cantar de gesta (manifestación literaria de las leyendas heroicas de un pueblo, compuestas fundamentalmente para ser escuchadas más que leídas, consideradas también épico-líricas), la leyenda (manifestación literaria de una tradición oral, apoyada a veces en hechos históricos ciertos), la balada (sucesos tradicionales, leyendas, contados con sencillez y emoción) y el romance (composición épico-lírica de origen anónimo-popular, con temas procedentes de los cantares de gesta, o que expresa sentimientos de índole lírica).
Los que por su intención se relacionan con lo didáctico:El apólogo (narración breve perteneciente al ámbito de la literatura gnómica -es decir, sentenciosa y de carácter didáctico-moral en la que los personajes son a menudo seres irracionales), la Fábula (narración breve, cuyas figuras y animales- representan condiciones humanas, presentando vicios y virtudes que entregan una enseñanza con censuras de carácter moral), la Parábola (se propone dar, mediante el relato de algún hecho, una lección moral, pero a diferencia de la fábula, no recurre a la personificación de animales, ni utiliza su estilo generalmente festivo).
 

Género dramático
Obra dramática es aquella destinada a ser representada ante espectadores, y que consiste en una acción dialogada representada por personajes (actores) en un espacio (escenografía). Como palabra técnica de la literatura, el concepto de "drama" (del griego drao, obrar, actuar) agrupa todas las manifestaciones de obras teatrales, y no debe limitarse a aquellas obras cuyo desenlace es de carácter catastrófico. El drama está destinado a la representación ante un público; no puede tener una extensión desmesurada; debe servirse de un vocabulario inteligible; el autor, debe considerar los efectos escénicos que armonizan diálogo y movimiento; debe poner en tensión el ánimo del público, y debe representarse de una sola vez. 


Sub-géneros dramáticos:
La Tragedia: es la imitación de una acción elevada y completa, de cierta magnitud, en un lenguaje distintamente matizado según las distintas partes, efectuada por los personajes en acción y no por medio de un relato, y que suscitando compasión y temor lleva a cabo la purgación de tales emociones. La historia trágica imita acciones humanas en torno al sufrimiento de los personajes y a la piedad, hasta el momento del reconocimiento de los personajes entre sí o de la toma de conciencia del origen del mal.
La Comedia: es la imitación de las personas más vulgares; pero no vulgares de cualquier clase, de cualquier fealdad física o moral, sino de aquella única especie que supone lo ridículo. Describe, intelectualmente deformados, los aspectos concretos y risibles de la vida cotidiana. Los personajes son de condición inferior, el desenlace es feliz y optimista, su finalidad es provocar la risa del espectador.
La comedia española barroca: se designa así a una obra de teatro, que no tendrá que tener obligatoriamente carácter cómico. Este género se produce en España en los siglos XVI y XVII, y es una obra dramática en tres jornadas. Principales características:. eliminación de las unidades de lugar, tiempo y espacio clásicos, la acomodación de la estrofa al asunto tratado, la mezcla de lo cómico y lo trágico y la búsqueda de los temas de la tradición española. Sus finalidades son: imitar acciones humanas, pintar las costumbres, dar gusto al público.
La Farsa: obra teatral cómica que se escribe y se representa con el único fin de hacer reír al público, mediante la muestra de situaciones y personajes ridículos. Es un tipo de obras en las que la realidad se deforma estilizándola, haciéndola grotesca o carnavalizándola.
Sainete: Pieza breve, generalmente de índole cómica, con personajes que casi siempre representan tipos populares. Por lo común, relatan la vida de vecindad.

Otros sub-géneros:
Obras de breve extensión y carácter cómico: el paso (episodios cómicos puestos entre situaciones dramáticas para alargar la acción), el entremés (pasaje en tono preferentemente cómico, que aparece al principio, en medio, o al final de una obra de carácter serio, sin conexión argumental necesaria con ella);
Obras de contenido religioso, históricamente situados en la Edad Media y hasta el siglo XVII: el misterio (representación dramática donde se escenificaban los cuadros del Nacimiento, Vida; pasión y Muerte de Jesucristo), el milagro (obra que relata la vida de la Virgen, de santos, de héroes de caballería, para ilustrar los principios cristianos), la moralidad (obra de intención didáctica y moralizante, con alegorías del vicio y de la virtud, y un combate incesante entre el bien y el mal), el auto-sacramental (obras con personajes alegóricos, que centraban sus argumentos en el dogma de la Sagrada Eucaristía).
Los que además de la comedia española barroca se marginan de la rigurosa separación entre lo trágico y lo cómico: la tragicomedia (obra dramática en que se combinan el elemento trágico y el factor cómico, y que presenta personajes populares y aristocráticos, acción que no culmina en catástrofe y estilo que experimenta altibajos), el "drama' burgués y romántico (género literario realista, intermedio entre la tragedia y la comedia, de carácter burgués y centrado en los problemas del hombre contemporáneo -familia, profesión, relaciones sociales), el grotesco (presenta una exageración premeditada, una reconstrucción desfigurada de la naturaleza, una unión de objetos imposible en un principio; se fusiona lo trágico con lo cómico, tratando personajes y situaciones trágicas, desde una óptica humorística).
 

Género lírico

Forma poética que expresa los sentimientos, imaginaciones y pensamientos del autor; es la manifestación de su mundo interno y, por tanto, el género poético más subjetivo y personal. El poeta se inspira frecuentemente en la emoción que han provocado en su alma objetos y hechos externos, y también puede interpretar sentimientos colectivos. Sub-géneros líricos:
Oda e Himno: se vincula a la Oda con los sentimientos de admiración y entusiasmo. Suele tener un carácter solemne y un lenguaje de gran admiración. La palabra Himno se aplica a los cantos litúrgicos de la Iglesia y a las canciones con música que tienen un sentido nacional, político o de ideología.
La Poesía bucólica: canta la serenidad y la belleza del campo, y la vida de pastores, más ideales que reales.
Elegía, Endecha, Lamento y Epitafio: la elegía es una composición que denota lamentación por diversas causas. Las hay amorosas, religiosas, patrióticas, y fundamentalmente funerales. La endecha revela sentimientos tristes. Cuando se refiere a la muerte, es grande su proximidad a la elegía. El lamento es una composición poética que expresa dolor, arrepentimiento o preocupación por una persona. Su principal característica que la aproxima a lo elegíaco es el sentimiento de haber perdido algo a nivel emocional. El epitafio es un poema breve que se supone colocado sobre la tumba de una persona. Es un ruego al pasajero para una meditación sobre la persona sepultada, o bien un recuerdo de las cualidades de la persona sepultada.
Canción y Madrigal. El Epitalamio: estos subgéneros tienen en común la expresión del sentimiento amoroso, triste o alegre, expresados en forma de canto, con música. El epitalamio es un poema destinado a cantarse en una boda, reflejando la alegría que reina en esa fiesta.
La Sátira y el Epigrama: la sátira ridiculiza vicios o defectos ajenos. A veces tiene un mero carácter juguetón y burlesco; otras adquiere un sentido más grave y educador. El epigrama es una composición poética breve que expresa un solo pensamiento principal, por lo común, festivo o satírico.
Copla y Letrilla. Pastorela y Serrana: se agrupan por su común origen popular. La copla es cualquier composición poética breve que, aislada o en serie, sirve de letra en una canción popular. La pastorela es una composición poética de origen trovadoresco y provenzal, en la que el poeta describe el encuentro del caballero con una pastora, a la que requiere de amores. La serrana es un cantar lírico cuyo asunto era el encuentro de un caminante con una moza bravía que le ayudaba a encontrar el camino en la sierra.
Epístola: composición en la que el autor se dirige a un receptor bien determinado, real o fingido, que se considera ausente, por ejemplo, para referir circunstancias personales a un amigo ausente.
Jitanjáfora: texto lírico cuyo sentido reposa en el significante (plano de la expresión), constituido desde valores puramente sonoros.


Fuente de la Nota: http://www.ecured.cu/Literatura
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